Familia en México informándose sobre el fentanilo y cómo responder a una sobredosis

Fentanilo en México: lo que una familia necesita saber

Casi nadie sale a comprar fentanilo. Y aun así, el fentanilo en México es hoy la razón por la que una familia puede perder a alguien en una sola noche.

Esa es la diferencia con todas las demás drogas, y es la que cuesta más trabajo explicar.

Con el alcohol, la mariguana o el cristal, la persona sabe qué está consumiendo. Con el fentanilo, muchas veces no. Aparece mezclado en una pastilla que parece de farmacia o en un polvo que se vendió como otra cosa.

Este artículo explica qué es el fentanilo, por qué es distinto, cómo se ve una sobredosis, qué se hace en los minutos en que todavía se puede hacer algo, y qué es la naloxona.

Si estás leyendo esto porque alguien de tu casa consume, lee completa la parte de las señales. Es la que salva vidas.


Qué es el fentanilo

El fentanilo es un opioide hecho en laboratorio. Los opioides son la familia de la morfina, la heroína, la oxicodona y el tramadol.

Tiene un uso médico real y legítimo. En los hospitales se usa para dolor muy fuerte, en cirugía y en pacientes con cáncer. Ahí se maneja con dosis medidas por personal capacitado.

El problema no es ese fentanilo. El problema es el que se fabrica fuera de cualquier control y termina en la calle.

Lo que lo vuelve distinto es la potencia. El fentanilo es alrededor de cincuenta veces más potente que la heroína y unas cien veces más potente que la morfina.

Eso significa que la cantidad que hace efecto es diminuta. Y la cantidad que mata también.

Con casi todas las drogas hay un margen entre la dosis que hace efecto y la dosis que hace daño grave. Con el fentanilo ese margen es tan chico que se mide en miligramos. Por eso una persona con experiencia consumiendo otras drogas no está protegida: la experiencia no sirve cuando el margen de error desaparece.


El problema real en México: nadie lo está buscando

Aquí está lo que más cuesta entender a las familias.

En México el fentanilo casi no se vende como fentanilo. Se vende adentro de otra cosa.

Las dos formas más comunes son estas:

  • Pastillas falsificadas. Se venden como oxicodona, como Percocet o como pastillas para la ansiedad. Están prensadas para verse iguales a las de farmacia, con el mismo color y hasta con el mismo número marcado. Por fuera no se distinguen.
  • Mezclado en polvos. Aparece en lo que se vende como heroína, y también se ha encontrado en otras sustancias. La persona cree que está consumiendo lo de siempre.

Esto cambia por completo la conversación en casa.

Tu familiar puede no ser consumidor de opioides. Puede haber comprado una pastilla en una fiesta, o pedido algo para dormir, o para el dolor de espalda, sin receta y sin farmacia.

Y otra cosa que las familias descubren tarde: la mezcla no es pareja. Dentro de un mismo lote, una pastilla puede traer poco y la siguiente traer mucho. Por eso alguien puede consumir varias veces sin problema y la vez número seis terminar en una sala de urgencias.

No fue que se pasó de dosis. Fue que le tocó otra pastilla.

Dónde pega más fuerte

El fenómeno se concentra en el norte del país, sobre todo en la frontera. Tijuana, Mexicali y Ciudad Juárez son las ciudades donde más se ha documentado.

Eso no quiere decir que en el resto del país no exista. Quiere decir que ahí llegó primero.


Cómo se ve una sobredosis por fentanilo

Esta es la sección que te pido que leas dos veces.

Una sobredosis de opioides no se ve como en las películas. No hay gritos ni convulsiones. Se ve callada, y por eso muchas veces la familia cree que la persona está dormida.

Las señales son estas:

  • No responde. Le hablas fuerte, le sacudes el hombro, le frotas los nudillos en el pecho, y no reacciona.
  • La respiración es muy lenta, muy débil, o se detuvo. Es la señal más importante de todas.
  • Hace ruido al respirar. Un ronquido raro, o un sonido de gorgoteo. Ese ruido no es que esté durmiendo profundo. Es que no está pasando aire bien.
  • Labios, uñas o punta de los dedos azulados o grises. En piel morena se nota mejor en los labios y en las encías.
  • Pupilas muy chiquitas, como cabeza de alfiler, aunque el cuarto esté oscuro.
  • Cuerpo flojo, la piel fría y sudada.

La regla que hay que memorizar: si roncar es raro en esa persona, no es sueño. Muchas muertes por opioides pasaron con la familia en el cuarto de al lado, pensando que el ruido era que dormía pesado.


Qué hacer en una sobredosis, paso a paso

Una sobredosis de opioides no mata de inmediato. Mata porque la persona deja de respirar poco a poco. Eso quiere decir que hay minutos, y que lo que pase en esos minutos importa.

Uno. Llama al 911. Primero eso. Di que la persona no responde y que no está respirando bien. Si sabes qué consumió, dilo. Están para atender, no para juzgar.

Dos. Trata de despertarla. Grítale su nombre. Frótale los nudillos con fuerza en el centro del pecho. Si no reacciona, es urgencia.

Tres. Si tienes naloxona, úsala. En la siguiente sección explico qué es. Se puede repetir a los dos o tres minutos si no reacciona.

Cuatro. Ayúdala a respirar. Si no respira o casi no respira, y sabes dar respiración de rescate, dala. Aquí la respiración importa más que las compresiones, porque el problema es el aire, no el corazón.

Cinco. Ponla de lado. Si respira por su cuenta pero sigue inconsciente, acuéstala de lado con la rodilla de arriba doblada. Así no se ahoga si vomita.

Seis. No la dejes sola. Quédate hasta que llegue la ambulancia.

Y una cosa que no se debe hacer, aunque se oiga mucho: no la metas a la regadera fría, no le des de comer ni de beber, no le pongas hielo y no trates de hacerla caminar. Nada de eso revierte una sobredosis y todo eso quita tiempo.


La naloxona: el medicamento que revierte la sobredosis

La naloxona es un medicamento que revierte una sobredosis por opioides. Existe en spray nasal y en inyección.

Funciona porque saca al opioide del lugar del cerebro donde está haciendo efecto. La persona vuelve a respirar.

Hay cuatro cosas que conviene saber:

  • No sirve para otras drogas. Solo funciona con opioides. No hace nada contra el cristal, la cocaína o el alcohol.
  • No hace daño si te equivocaste. Si la persona no tenía opioides encima, la naloxona no le provoca nada. Por eso, ante la duda, se usa.
  • Dura menos que el fentanilo. El efecto de la naloxona se va en treinta a noventa minutos, y el fentanilo puede seguir ahí. La sobredosis puede regresar. Por eso se llama al 911 aunque la persona ya haya despertado.
  • Al despertar puede estar mal. Sale de golpe del efecto y eso da náusea, sudor, temblor y mal humor. Es incómodo, no peligroso.

Cómo se consigue en México

Aquí hay que ser honestos: conseguirla no es tan fácil como debería.

La naloxona está reconocida como medicamento en México y se usa de forma habitual en hospitales y ambulancias. Fuera de ahí, el acceso para una familia es limitado y cambia de estado a estado.

Los caminos que hoy funcionan:

  • Pregunta en tu servicio estatal de salud mental y adicciones. En los estados de la frontera norte es donde más avanzado está el tema.
  • Busca organizaciones de reducción de daños. En Baja California y Chihuahua hay organizaciones civiles que reparten naloxona y enseñan a usarla, muchas veces sin costo.
  • Pregunta con tu médico. Si en tu casa hay alguien que consume opioides o pastillas de origen dudoso, plantéalo directo.

Tener naloxona en casa no es darle permiso a nadie. Es lo mismo que tener un extintor: no lo compras porque planeas un incendio. Vale la pena decirlo así en la familia, porque el miedo a "estar facilitando" es la razón más común por la que no se consigue.


Sí existe tratamiento, y aquí sí hay medicamento

Con el cristal tenemos que decirle a las familias que no hay una medicina aprobada. Con los opioides la respuesta es distinta, y es una buena noticia.

Para la adicción a opioides sí existe tratamiento con medicamento, y es el que mejores resultados tiene. Se le llama tratamiento asistido con medicamentos.

Los dos principales son la metadona y la buprenorfina. No son un cambio de una droga por otra, aunque así se oiga. Son medicamentos que estabilizan a la persona: le quitan el síndrome de abstinencia y las ganas constantes, sin la subida ni la caída.

Con eso la persona puede volver a trabajar, dormir y sostener un tratamiento psicológico. Sin eso, muchas veces la abstinencia sola no se aguanta.

En México estos tratamientos se dan en clínicas autorizadas, y la disponibilidad varía mucho según el estado.

Si un centro te dice que la solución es aguantarse el síndrome de abstinencia a puro carácter, y que los medicamentos son "cambiar un vicio por otro", ya sabes algo importante de ese lugar. Puedes revisar qué más conviene preguntar en ¿Cómo elegir un centro de rehabilitación en México? y en Señales de alerta: centros de rehabilitación peligrosos en México.


Lo que sí puede hacer una familia

Con el fentanilo la familia tiene dos trabajos, y son distintos entre sí.

El primero es de emergencia: reconocer las señales, tener naloxona si se puede, saber los pasos. Eso es lo que acabas de leer y no se negocia.

El segundo es el largo, y es el que casi nadie explica. Es qué haces tú, en tu casa, los meses que la persona todavía no acepta tratamiento. Cómo hablas del tema sin que se cierre. Qué límites pones y cómo los sostienes. Qué haces con tu propio miedo cuando cada vez que no contesta el teléfono piensas lo peor.

Ese segundo trabajo desgasta a la familia más que el primero, porque no tiene fecha de término.

Cuando Ayudar No Funciona

Lo que las familias deben entender sobre la adicción.

Saber responder a una sobredosis es el trabajo de emergencia. Esta guía trata el otro, el que dura meses:

  • La diferencia entre ayudar y rescatar
  • Cómo poner límites que de verdad se sostienen
  • Qué decir y qué callar cuando la persona está consumiendo
  • Por qué esperar a que "toque fondo" es un consejo peligroso
  • Cómo cuidarte cuando todo tu mundo gira alrededor del consumo de otro

Ver la guía — $300 MXN


Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si una pastilla trae fentanilo?

Por fuera no se puede saber. Las pastillas falsificadas están prensadas para verse iguales a las de farmacia, con el mismo color y las mismas marcas. La única forma de saberlo es con una tira reactiva de fentanilo, y aun así una tira negativa no garantiza que el resto del lote esté limpio. La regla práctica es que cualquier pastilla que no venga de una farmacia con receta puede traerlo.

¿Cuál es la señal más importante de una sobredosis?

La respiración. Si es muy lenta, muy débil o se detuvo, es una sobredosis hasta que se demuestre lo contrario. El ruido de ronquido o gorgoteo en alguien que normalmente no ronca es una señal de alarma, no de sueño profundo.

¿La naloxona puede hacer daño si me equivoco?

No. Si la persona no tiene opioides en el cuerpo, la naloxona no le provoca nada. Por eso ante la duda se usa. Lo que sí hay que saber es que su efecto dura entre treinta y noventa minutos y el fentanilo puede durar más, así que la sobredosis puede regresar y hay que llamar al 911 de todos modos.

¿Existe tratamiento para la adicción al fentanilo?

Sí, y a diferencia del cristal aquí sí hay medicamento. La metadona y la buprenorfina son el tratamiento con mejores resultados para la adicción a opioides. Estabilizan a la persona y le permiten sostener el trabajo psicológico. Se dan en clínicas autorizadas y la disponibilidad varía por estado.

¿Corre riesgo mi familiar si no consume heroína?

Sí. En México el fentanilo aparece sobre todo mezclado en pastillas que se venden como medicamento de farmacia. La persona que compra una pastilla suelta para dormir o para el dolor está expuesta aunque nunca haya consumido opioides. De hecho, quien no tiene tolerancia corre más riesgo.

¿Puedo internar a mi familiar contra su voluntad por esto?

En México el internamiento debe ser voluntario, con excepciones acotadas por urgencia médica. Una sobredosis sí es una urgencia médica y se atiende como tal. El internamiento posterior es otra cosa. Puedes revisar el marco completo en ¿Me pueden anexar sin mi consentimiento en México?


Conclusión

El fentanilo cambió una regla que llevaba décadas siendo cierta: que la persona sabía qué estaba consumiendo.

Eso obliga a las familias a aprender algo que antes no les tocaba. No basta con entender la adicción. Ahora también hay que saber reconocer una sobredosis y qué hacer en los minutos siguientes.

Es injusto que ese aprendizaje le caiga a una mamá o a una hermana. Y aun así, es lo que hoy salva vidas en las casas.

Si en tu familia hay consumo de pastillas de origen dudoso, la conversación de esta semana no es sobre internamiento. Es sobre las señales y sobre la naloxona.

El resto viene después, y viene mejor si la persona sigue viva para tenerlo.

Si quieres entender por qué el consumo no se resuelve con fuerza de voluntad, puedes leer: La adicción no es falta de voluntad.

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